El empleo no es seguridad
Un recorrido por el mercado laboral peruano, de los titulares que tranquilizan a las brechas que los promedios esconden. Cada cifra lleva su tabla del compendio.
Los titulares tranquilizan
En 2024, 71.1 % de los peruanos de 14 años o más trabaja o busca trabajo, y sólo 4.7 % de esa fuerza laboral no encuentra empleo. Frente a 2023 el desempleo cambió -0 pp (no significativo); frente a 2014, +1.1 pp. Con esos números el Perú parecería un país de pleno empleo.
La primera pista de que la historia es otra está en el campo: la participación rural (78.5 %) supera a la urbana (69.5 %) y el desempleo rural es de apenas 1.7 % contra 5.5 % urbano. Donde no hay seguro de desempleo ni ahorros, no trabajar no es una opción. El desempleo bajo mide la falta de alternativas, no la abundancia de buenos empleos.
Compendio: T01, T03.
La cifra que importa: 73 de cada 100
73.1 % de los ocupados tiene empleo informal: trabaja en una unidad no registrada en SUNAT, o como asalariado sin seguro de salud ni pensión ligados al empleo, o como familiar no remunerado. En el campo la informalidad es casi universal (93.9 %); en las ciudades, 67.8 %.
La consecuencia es que sólo 61.6 % tiene un empleo adecuado —sin subempleo por horas ni por ingresos— y 34.6 % gana menos que la remuneración mínima. Sólo 37.1 % de los ocupados aporta a una pensión y 51.8 % de los asalariados tiene contrato.
Compendio: T16, T28, T31.
La brecha de género empieza antes del empleo
Los hombres participan 17.8 puntos más que las mujeres (80.0 % vs 62.2 %). Es una brecha de entrada: el trabajo de cuidados no remunerado no cuenta como empleo. Las mujeres que sí participan enfrentan más desempleo (5.8 % vs 3.9 %), más informalidad (75.6 % vs 71.2 %) y un ingreso mediano de S/ 1,025 frente a S/ 1,404: 73 centavos por cada sol.
Desde 2014 la brecha de participación cambió -0.3 pp (no significativo). Diez años, casi nada.
Compendio: T02, T08, T35.
La paradoja educativa
Estudiar protege de la informalidad: cae de 94.4 % entre quienes tienen hasta primaria a 41.7 % entre universitarios, y el ingreso mediano se multiplica de S/ 719 a S/ 2,061.
Pero estudiar no protege del desempleo: es más alto entre universitarios (6.6 %) que entre quienes sólo tienen primaria (2.4 %), y entre las mujeres universitarias llega a 7.3 % frente a 5.9 % de los hombres con el mismo nivel. Quien tiene educación puede permitirse buscar un empleo a su altura; quien no la tiene acepta lo que hay. El desempleo, en el Perú, es un lujo.
Compendio: T09, T10, T11.
Los jóvenes entran por la puerta informal
Entre los 14 y 24 años el desempleo es de 11.4 % —más del doble del promedio— y la informalidad de 84.6 %. Uno de cada cinco jóvenes de 15 a 29 años ni estudia ni trabaja (21.5 %).
A los 25–44 años el desempleo baja a 4.0 % y la actividad sube a 84.1 %: la exclusión del empleo es transitoria. La informalidad no: a los 65 años o más vuelve a 86.3 %, porque sin pensión el trabajo no termina.
Compendio: T05, T06.
Lengua materna y etnicidad: la estratificación silenciosa
Quienes aprendieron una lengua indígena u originaria en la niñez participan más (78.1 % vs 69.8 %) y casi siempre en la informalidad: 87.9 % frente a 69.6 % de quienes aprendieron castellano. Su ingreso mediano es de S/ 939 contra S/ 1,298.
Por autoidentificación el orden se repite: 66.8 % de informalidad entre quienes se consideran blancos o mestizos, 80.8 % entre afroperuanos, 83.4 % entre quechuas, 82.9 % entre aimaras y 87.2 % entre nativos amazónicos u otros pueblos indígenas. Parte de esta brecha es geográfica (sierra y selva rural), pero no toda: persiste dentro de las ciudades.
Compendio: T21–T25.
Tres países en uno
Lima Metropolitana tiene 59.7 % de informalidad e ingreso mediano de S/ 1,493; la costa, 71.8 % y S/ 1,295; la sierra, 82.7 % y S/ 1,000; la selva, 84.5 % y S/ 1,079.
Entre departamentos la distancia es aún mayor: la informalidad va de 58.0 % en Callao a 89.6 % en Ayacucho; el ingreso mediano, de S/ 1,758 en Madre de Dios a S/ 721 en Cajamarca. La brecha de género de participación es de 25.2 puntos en Tumbes y de 6.8 en Cusco.
Compendio: T04, T17.
La geografía pesa más que cualquier otra variable
La informalidad va de 58.0 % en Callao a 89.6 % en Ayacucho. Lima Metropolitana, Arequipa, Ica y Moquegua son islas de formalidad relativa; la sierra sur y la selva concentran el empleo desprotegido. Ningún grupo social —sexo, edad, lengua— separa tanto como el lugar de residencia.
Compendio: T17. Atlas: mapa interactivo.
Una década sin salida
Entre 2014 y 2024 la informalidad pasó de 73.0 % a 73.1 % (+0.1 pp (no significativo)). Bajó lentamente hasta 2019, saltó con la pandemia de 2020 y desde entonces sólo ha regresado al punto de partida. El ingreso mediano real cambió S/ -12.4 (no significativo): una década de crecimiento que no llegó al trabajador mediano.
La lección del observatorio es simple: el desempleo no es el termómetro del mercado laboral peruano. Lo son la informalidad, el subempleo y el ingreso mediano. Y esos tres, en diez años, casi no se movieron.
Compendio: T34, T36. Metodología: la cifra 2024 de informalidad usa la regla del Observatorio.
ENAHO 2024, 85,537 personas de 14+ años. Sellos: Sólido en las tres cifras.
El mapa: dónde el trabajo protege
La geografía pesa más que cualquier otra variable. Explora la formalidad y abre el perfil de cada departamento.
- Callao42.0 %
- Lima38.8 %
- Ica36.4 %
- Arequipa35.4 %
- Moquegua33.4 %
- La Libertad30.4 %
- Lambayeque24.3 %
- Tacna23.8 %
- Pasco22.8 %
- Piura21.9 %
- Áncash20.8 %
- Tumbes20.7 %
- Junín18.6 %
- Madre de Dios18.6 %
- Cusco18.5 %
- Loreto18.5 %
- San Martín16.7 %
- Ucayali16.2 %
- Amazonas14.2 %
- Cajamarca13.5 %
- Huánuco12.6 %
- Apurímac12.2 %
- Puno11.4 %
- Huancavelica11.0 %
- Ayacucho10.4 %